13 de abril de 2010

El proceso

X esperaba que Y se acordara. Aunque fuera inútil.
X esperaba que Y la llamara, le mandara un mensaje al teléfono, un mail. Cualquier cosa. Cualquier cosa que significara que Y aún se acordaba.

X se levantó pronto aquel día, que había decidido regalarse. Y empezó a recibir felicitaciones. De amigos, de la familia, incluso de gente que no esperaba.

Tictactic tic

Quizás me mande un sms más tarde, como hizo otros años. Pero nada, las horas avanzaban y nada.

Tactactactactac tic

Quizás, un mail.
Pero nada. Hojeaba el correo cada poco y buscaba el mail de Y. Pero nada. Las horas avanzaban y nada.

Y el día se acabó.

Clon.

Quizás, quiso pensar X, Y se olvidó, se despistó y mañana me mande un mail con una felicitación retrasada. Pero X, en el fondo, sabía que no sería así. Que hubo un tiempo en que Y fue atento, y se acordaba de su cumpleaños. Y la sorprendía con ramos de flores. Y la sorprendía con algún viaje. Y la sorprendía con su felicitación. Y aquel era un día feliz también para Y y lo festejaban.

Y seguramente se acordó de que X cumplía años aquel día. Simplemente, pensó. Para qué.

X seguramente pensó eso mismo.

Quizás sea parte del proceso, se dijo.
Del proceso de olvidar.
De dejar atrás.
De cerrar.
De saber que no habrá más ramos de flores, ni viajes, ni felicitaciones, ni sorpresas de Y.
De saber que Y lo sabe y que quiere emprender ese camino, que X se empeña en no dejarlo avanzar.

Ya lo he entendido Y. Parte tranquilo. Es eso, el proceso.

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